jueves, 12 de agosto de 2010

Bitácora Dublín: Días 4-7.

Primeros días en la ciudad:




Y después de toda la noche dando vueltas para conseguir nuestras habitaciones, ¡por fin pudimos movernos por Dublín! Por lástima lo primero que teníamos planificado para el lunes era levantarnos a las 7 de la mañana e ir a hacer el examen de nivel (una auténtica chorrada de 20 minutos) y colocarnos según nuestras puntuaciones en las diferentes clases, comenzando posteriormente éstas.

Después de estas primeras horas en las cuales conocimos tanto a los profesores como a nuestros compañeros de fatigas (al menos la primera semana, ya que dependiendo del nivel que observen te van subiendo a otra clase) decidimos irnos a descansar, ya que las 3-4 horas de sueño del día anterior no fueron suficientes.

El martes cuando terminamos las clases y después de disfrutar de la comida sentados en en el cesped de uno de los preciosos parques de Dublín con música en directo, decidimos ir a conocer la calle principal de la ciudad, O'Conell Street, en la cual se encuentra la mayor parte de las tiendas y comercios, por la cual dimos una vuelta situando un poco los posibles lugares donde comprar nuestros souvenirs. Posteriormente nos acercamos a la zona del Temple Bar, donde entramos al tan mítico pub con ese mismo nombre y donde nos tomamos nuestra primera Guinness de calidad inconmensurable.

Al día siguiente, y aprovechando las diferentes excursiones que organiza la escuela de idiomas, fuimos a visitar el archiconocido Trinity College, una de las universidades más antiguas del mundo, y por la que han pasado algunas de las mejores mentes que ha dado Irlanda. Posteriormente además nos llevaron al Museo de Ciencia Natural, o como los mismos dublineses llaman, "The Dead Zoo" (el zoo de los muertos) en el cual se pueden encontrar animales disecados que datan del siglo XVIII.

Finalmente el jueves teniendo en cuenta la excursión que teníamos planeada para el día siguiente a Howth lo dedicamos a descansar y reponer fuerzas, además de comprar lo necesario para el piso.

Y por ahora (aparte de los problemas con la residencia) ¡Me encanta Dublín!

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